2025 fue un año interesante para México, con resultados mixtos y una reconfiguración de alianzas que definirán el rumbo económico y político del país en la próxima década.
1. La geopolítica se consolidó como variable económica
Los conflictos armados, las tarifas y la fragmentación del comercio internacional dejaron de ser factores externos para convertirse en elementos estructurales del análisis económico. Las tarifas fortalecieron al bloque americano, consolidando a México como el socio principal de los Estados Unidos. Esto también tiene implicaciones políticas, donde Estados Unidos busca influir en la manera en que México confronta al crimen organizado y narcotráfico. En ese contexto debemos de entender el señalamiento de instituciones financieras mexicanas y la designación de los cárteles de droga como terroristas. Se prepara el terreno para que el bloque coopere no sólo en materia económica, sino también política.
2. Nearshoring con resultados desiguales
México mantuvo una tendencia favorable en materia económica, con una expansión del PIB, récord en IED (inversión extrajera directa), un crecimiento del consumo en general y de los servicios, que ahora representan el 60% del PIB. De igual forma, la exportación llegó a niveles récord. Por el otro lado, la actividad industrial se redujo un 2.7% en el año, lo cual significó un periodo recesivo y complejo. El gasto de gobierno sigue centrado en subsidios y programas sociales, logrando un récord de deuda del 53% del PIB, y la preocupación de las calificadoras de que México pierda la capacidad de pago de sus deudas. La inversión en infraestructura está limitada, y la confianza empresarial baja entre corrupción e inseguridad institucional.
3. Tasas de interés altas por más tiempo
La reducción inflacionaria fue más lenta de lo previsto, lo que mantuvo condiciones financieras restrictivas y el crédito costoso. Esto generó dificultades para la actividad industrial, que además tuvo que pagar más impuestos y mayores salarios. La combinación de mayores gastos financieros, laborales, impositivos y de materia prima, complicaron el panorama para los fabricantes mexicanos enfocados al mercado local.
4. Remesas como estabilizador económico
Los flujos de remesas alcanzaron niveles récord y operaron como un soporte relevante del consumo y la estabilidad social. Este elemento sacó al 12.7% de los mexicanos de la pobreza extrema, impulsando además su capacidad de compra.
5. Mayor polarización e incertidumbre social
El entorno económico se desarrolló en un contexto de creciente desconfianza institucional y fragmentación social. La economía informal llegó a niveles récord, la inversión especulativa superó a la productiva, y se registraron manifestaciones violentas durante buena parte del año en medio de políticos asesinados y niveles de corrupción nunca antes vistos en aduanas, licencias e instancias registrales. Sin duda, México vive la época más corrupta de su historia empresarial.
Estos factores convergen en una lectura clara: el crecimiento de 2025 en México fue más resultado de consumo interno y sectores de servicios que de inversiones estructurales o expansión de capacidad productiva generalizada. Aunque ello evitó una recesión formal, plantea interrogantes sobre la sustentabilidad del modelo si no se fortalecen las bases productivas del crecimiento.
A futuro, queda enfocarse en los segmentos relacionados al consumo, los servicios, y la exportación. La capacidad financiera se vuelve el centro de la competitividad, y de igual manera la escala de las empresas, pues habrá menos jugadores, y los que triunfarán serán los más grandes.
Les deseamos unas felices fiestas al lado de sus familias.
Dr. Enrique Presburger, CEO, Factor Exprés.
