En un año como estos, donde abundan las malas noticias, la economía se estanca, y la información en medios y en redes nos alarman constantemente, es difícil mantenerse ecuánime y centrado en esferas personales y profesionales. Y es que el inconsciente colectivo del país es un imaginario que sí impacta a la realidad, empezando por sobremesas y conversaciones negativas casuales, y luego penetrando de manera profunda nuestras decisiones de inversión, ahorro y consumo.

Es ahí, cuando todo el mundo especula, rumora, y actúa de manera aislada, que los vínculos de una sociedad se rompen. También es en este punto que dentro de la colectividad se destacan los verdaderos líderes cotidianos. Aquellos que son resilientes en tiempos de crisis, y tienen las siguientes características:

  • Reciprocidad profesional: Hoy en día el ecosistema empresarial es seriamente afectado por gente que deja de pagar sus deudas, defrauda proveedores, se vuelca a la ilegalidad o toma ventaja de situaciones críticas ajenas. Un verdadero líder sin embargo cuida su nombre, y es capaz de entender el contexto de su malestar desde distintos puntos de vista, para llegar a dinámicas “salomónicas” de empatía, de apoyo mutuo y trabajo en equipo para salir adelante. Cambia el “cómo me zafo de esto”, al “cómo salimos juntos adelante”.
  • Decisiones con transparencia: Muchos problemas irreversibles comienzan por silencios innecesarios. Es así que se cancelan pedidos, se ocultan vicios, se cierran empresas, se infringen contratos y se suspenden pagos. Un líder resiliente en cambio anuncia cambios a los afectados con anticipación para mitigar los efectos negativos y reconstruir escenarios de colaboración. El progreso verdadero siempre comienza con una discusión incómoda, pero muy necesaria.
  • Apertura auténtica: Las injusticias de la vida profesional comienzan siempre con silencios y vicios ocultos. La bomba explota con complicidad y silencios. Un líder real no obstante, tiene el valor de mostrarse vulnerable, y decir “me equivoqué”, “estoy en peligro”, o “necesito ayuda”. Viene a ofrecer apertura y no a exigir concesiones. Esto detona comunicación real entre personas, más allá de sus roles. Esta es la única manera de conciliar posturas contrarias para un mismo fin. Los roles se contraponen, pero las personas se equiparan.

Este país es nuestro y la dinámica empresarial depende de nosotros en gran medida. “La Economía” no es un ente de carne y hueso, sino un concepto inmaterial que se conforma de seres humanos trabajando. El cambio empieza en nosotros, y el sector privado debe ser vanguardista en romper la dinámica de percepciones negativas. Si bien hay datos duros que no se pueden ignorar, también hay actitudes y dinámicas sociales en momentos clave que pueden marcar la diferencia de rumbo de un país para siempre. Hay que ser conscientes de ello en nuestras esferas personales y profesionales.

 

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