No recuerdo un inicio de año tan movido y acelerado como estos primeros días de enero 2020. La gente pasó de la “preocupación” a la “ocupación”, y es que parece que hemos asimilado como sociedad que los cambios que vive el país son de fondo, y más nos vale adaptarnos a las nuevas reglas del juego. Así que a buscarle y a tomar decisiones. A continuación, presentamos los aspectos macroeconómicos más relevantes para 2020:

En un año como estos, donde abundan las malas noticias, la economía se estanca, y la información en medios y en redes nos alarman constantemente, es difícil mantenerse ecuánime y centrado en esferas personales y profesionales. Y es que el inconsciente colectivo del país es un imaginario que sí impacta a la realidad, empezando por sobremesas y conversaciones negativas casuales, y luego penetrando de manera profunda nuestras decisiones de inversión, ahorro y consumo.

Sabemos que la agenda de cambios estructurales de AMLO es bastante ambiciosa en lo que respecta a recorte de gastos y ahorros en el sector público. La visión del nuevo presidente, es justamente lograr que parte importante del presupuesto se cubra con recortes y ahorros en partidas específicas en lugar de provenir de deuda nueva.

Esta visión es acertada, pues de hecho casi un 60% del presupuesto en la administración pasada se tiraba en gasto corriente; en sueldos y prestaciones de una burocracia excesiva y en ampliación constante que no se reflejaba en productividad, crecimiento ni reducción de la pobreza.

No obstante, esta estrategia no es suficiente para impulsar a México si el país pierde por otro lado un elemento fundamental: Confianza empresarial y financiera de los mercados

Atención a todos los mexicanos: Estamos viviendo un momento de parteaguas que representa un cambio de paradigma en la forma en que gobierno, sector privado y los medios de comunicación se relacionarán en adelante. A partir de ahora se terminan los formalismos discursivos, y comienza una relación frontal: La realidad ha sobrepasado la simulación.

América Latina, hace apenas algunos años, era sinónimo mundial de esperanza y crecimiento. Las expectativas para la reducción de pobreza y una población joven en edad de trabajar hacían ver a la región de una manera optimista y prometedora, pues contrastaba con poblaciones envejecidas de otros bloques económicos como el Europeo.

No obstante, una masa juvenil sin educación y sin una política de Estado para integrarse en el mercado laboral nacional, tiende a caer en la delincuencia e inestabilidad. Así pues, hoy América Latina alberga a 43 de las 50 ciudades más peligrosas del mundo.  

Sí, a todos nos preocupa nuestro México. Nos preocupa mucho, y buscamos desesperadamente saber qué es lo que está pasando y hacia dónde vamos desde distintas fuentes como pláticas de sobremesa, redes sociales, noticias, y videos explicativos.  No obstante, este tipo de reacción frenética que tenemos como sociedad mediatizada nos priva de podernos frenar en seco y pensar desde una perspectiva un poco menos personal.

Encontrarse en un estado nacional de “limbo o indecisión” es lo peor que le puede ocurrir a un país. Y es que la incertidumbre genera parálisis, quietud y duda. A la larga, termina importando poco si la raíz del estancamiento es real o especulativa, pues el daño se consuma en nuestra vida cotidiana verdadera. Por lo tanto, el consejo más importante sobre el próximo año es: No dejar de moverse.

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